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En general, quedan reducidos a tres tipos: el
sarcófago de piedra, de una sola pieza de forma trapecial que se da en
sepulturas de niño (fig. 1, núm XLIII; fig. 2, núm Vil y Lám. III) con una losa
labrada, de cubierta; la simple fosa excavada (Láms. X y XI) en la tierra y la
sepultura de múrete de piedra (Láms. IV, V, VIII y IX) que es la que se da con
más profusión. Estas dos últimas aparecen cubiertas por varias grandes piedras
(Láms. VI y VII) que excepcionalmente faltan en escasa sepulturas, aunque no
pueda asegurarse que no sea debido esto a haber sido sacadas las piedras
posteriormente, lo que ha ocurrido con frecuencia al ser arada la tierra bajo la
que se asienta la necrópolis. De superestructura, nada se ha hallado .
Detalle interesante es el aparecer todas las
sepulturas llenas de tierra cubriendo el cadáver, sin excepción alguna en todas
las exploradas (Lám. Vil). El cadáver era depositado en el fondo de la tumba y
luego se llenaba de tierra y cubría con grandes piedras. Es de notar,
igualmente, la carencia de ataúd y de féretro, de modo que la tierra caía
directamente sobre el cadáver. La ausencia de clavos y restos de madera en los
hallazgos así lo indican. Es frecuente que en una misma sepultura aparezca más
de un inhumación, hechas en épocas diferentes; cuando esto ocurre, los restos
de la primera son amontonados sin gran cuidado para dejar sitio libre al nuevo
enterramiento. La orientación general ya queda indicada: el cadáver tiene los
pies siempre hacia el Este.
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