Consideraciones de conjunto sobre la cerámica
hallada: Salvo en algunas sepulturas donde los vasos aparecieron colocados en
sitios extraños y ya anotados, lo corriente es que aparezcan al lado de la
cabeza y casi siempre, menos en la sepultura XXXII de la lámina XI, hacia donde
mira el cadáver -más frecuentemente a la derecha que a la izquierda- con las
salvedades impuestas por los removidos sufridos por el terreno y que han
alterado con frecuencia la posición primitiva de inhumaciones y objetos. En
cuanto a barros, se dan tres clases: uno gris negruzco, bien cocido y muy
frecuente, y dentro de él otro de peor calidad, y como el anterior con buena
cocción; un segundo rojo, de peor calidad y un último amarillo blanquecino que,
aunque más típicamente bárbaro se da con escasez.
La cerámica de Piña ofrece un gran interés en lo
relativo a formas, porque con ser éstas muy variadas, existen dentro de un
mismo tipo diferenciaciones de detalle que hacen aumentar considerablemente
esta variedad de que no hay precedentes en otras necrópolis. El maestro
Gómez-Moreno, resaltó el interés que esta variedad de formas supone respecto a
la mayor monotonía con que suele darse en restantes necrópolis.
Con un interés simplemente expositivo, se agrupan
los vasos por formas, haciendo con ello tres grupos fundamentales y un cuarto
en el que se incluyen vasos que quedan fuera de los tres tipos anteriores.
Un primer tipo caracterizado por vasos de boca trebolada
y provistos de un asa, variando en ellos la esbeltez de sus líneas, como puede
verse en las fotografías, comparando los números XXIX y V de las láminas XVIII
y XVII respectivamente con los números XXV bis de la lámina XV; XLIV y XLII de
la lámina XVIII. Otra variante de este mismo puede formarse con el número
XXXVIII de la lámina XVI, tipo de cuello más corto y panza más alargada.
Un segundo tipo lo forman vasos de cuello alargado
con dos asas en forma de ánfora, tipo que ofrece tres variantes: una
constituida por el número XL, lámina XVIII; otra de panza más redondeada y asas
más sueltas, número XXXII, lámina XVI y número XIX, lámina XXV; y una tercera
de vasos de panza casi cilindrica: número XXIV, lámina XVIII y número XXVIII
bis, lámina XVI.
Un tercer grupo estaría constituido por estos tres
vasos: número II, lámina XV; número III, lámina XVI; número XI, lámina XVII,
con asa y ancha boca de forma análoga.
Las restantes piezas encontradas, de formas
diversas, integran un último lote, donde se dan en forma de pequeños cuencos y
entre ellos uno provisto de asa a modo de taza: números X y XXI de la lámina XV
y número XXXV B, lámina
XVII. Hay uno muy curioso que hace pensar en
nuestras teteras actuales, pues, de boca ancha, tiene además un asa, un pico
para verter, número XLVI, lámina XVIII. Esta pieza de barro rojo está muy
estropeada.
Perfectamente conservada y de barro amarillento es
la que se reproduce en el número XXXVI, lámina XVIII, de panza redondeada,
cuello alargado y curva suave, boca circular y sobre todo con un asa especial
que, recordando tal vez los vasos de metal, presenta en sus arranques dos
salientes.
Los dos últimos vasos que quedan son uno pequeño,
número Vil, lámina XV, de barro rojo, abultada panza y boca circular y el muy
basto del número XX, lámina XV, con asa y cuello roto.
Además y como único ejemplar, se encontró, hecho
pedazos y empotrado en el muro de una sepultura el vaso, o mejor dicho los
trozos con los que se ha podido hacer la reconstrucción de que da idea la
lámina XX. Era un vaso grande, de boca muy ancha -0,35 m.- y solero muy
estrecho -0,08 m.- con un tipo de decoración sumamente interesante.
La decoración, toda de tipo inciso, puede ser
reducida fundamentalmente a los tipos siguientes, para cuyo estudio comparativo
se han reunido en la figura 4a las piezas decoradas, dibujadas a una misma
escala, dando a cada una el número de sepultura en que fue hallada. Se da, en
primer lugar, la decoración conseguida con incisiones verticales anchas y poco
profundas, como hechas con un punzón romo que, o bien ocupan toda la zona alta
del vaso, como en el número Vil, de la figura 4a, o bien están agrupadas en
zonas de cuatro líneas paralelas que cubren casi todo el vaso, como en el
número XXX de la misma figura. Dentro de este tipo de decoración es de notar la
que se da en el vaso XL, donde puede advertirse un intento de decoración
vegetal por el mismo sistema de incisión ancha y superficial, de modo que lo
que quiere ser el contorno de la hoja y sus nervios parece hecho con el dedo.
Un segundo género de ornamentación es logrado
mediante incisiones que, por estar hechas con un punzón más aguzado, resultan
más delgadas y profundas. Tales son, por ejemplo, los vasos números XLII y XXXV
A, en los que se disponen horizontalmente.
Existe un tercer tipo de decoración que por ser el
más repetido hasta ahora viene a ser característico, y que consiste en bandas
formadas por dos incisiones paralelas, cuyo interior se decora con puntos, como
el número XX, o bien, y es lo general, con incisiones paralelas distanciadas
uniformemente. Estas bandas se disponen, bien formando una especie de arcadas
entrecruzándose, como en el número XXIV, tal vez no desprovisto de significado
y como vestigio de algo oculto, de difícil interpretación, como puede verse en
el dibujo; o ya, por último, cortándose radialmente todas las bandas en un solo
punto del fondo del vaso, como ocurre en el cuenco número XXI. En la segunda
campaña de las excavaciones la cerámica encontrada no aporta ninguna novedad en
cuanto a la decoración excepto un vaso pintado. La pintura es negra sobre el
fondo amarillento del vaso. La decoración está formada por una serie de líneas
gruesas verticales que arrancando de la parte inferior de la boca llegan hasta
el solero. Estas mismas líneas se disponen sobre las asas y siguen
extendiéndose sobre la panza del vaso. Otras líneas horizontales cortan a los
primeros dejando cuatro zonas, y una de ellas, la central, se rellena con
puntos.
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